Sección/ A boca de jarro
Sonia Steed : “En el fondo somos una gran unidad, nunca estamos solos”
Por Luis Aubele
La Nación 16/03/2011
Cerca de la puerta cuelgan los retratos de dos santones con barbas muy grandes que observan serios al recién llegado. "El de la derecha es el gurú Dev, descubridor de la meditación trascendental, y el de la izquierda, su discípulo y difusor de la técnica, el maharishi Mahesh Yogi. Dev descubrió el sistema mientras investigaba en los libros Vedas porque tanto él como su discípulo, además de monjes eran físicos", explica Sonia Steed.
"Egresé en 1975, con la primera camada de instructores de meditación que se formó en nuestro país; el propio gurú maharishi viajó especialmente para entregarnos los diplomas. Era su segundo viaje, había llegado en 1964 con Hans Thomas, un holandés que sería nuestro instructor", agrega.
–¿Qué es la meditación trascendental?
–Una técnica mental muy simple, que se practica sentados cómodamente con los ojos cerrados, mientras repetimos un mantra, de 15 a 20 minutos por la mañana y por la tarde.
–¿Qué es un mantra?
–Los mantras, o sonidos primordiales, son sílabas compuestas cuyo valor radica en su efecto sonoro, su vibración, no en su significado. Cuando uno medita, el cuerpo y la mente experimentan un profundo reposo, pero sigue alerta, por eso se denomina alerta en reposo. Este estado es más profundo que el sueño, y libera mecanismos de autorreparación que disuelven las tensiones profundas y el estrés acumulado. Los efectos son enormes: reduce el insomnio, la depresión, el consumo de alcohol y tabaco, y aumenta la capacidad de amar y crear, etcétera. La meditación nos moviliza y enriquece nuestras vidas.
–¿Por ejemplo?
–La meditación nos anima a explorar otras posibilidades para ayudar a los demás. A mí me llevó a Londres, a estudiar cuidados paliativos, disciplina creada en 1960 que propone estrategias para mejorar la calidad de vida aun cuando no existan posibilidades de sanación; puede incluir reiki, sonido, etcétera. Por otra parte, y partiendo de la base de que el mantra es una vibración que activa lo mejor de nosotros mismos, estoy aplicando el sonido de cuencos de cuarzo en talleres de armonización. También, conciertos de didgeridoo, un tipo de flauta utilizada por los aborígenes del norte de Australia, hecha con una rama de eucaliptos ahuecada por la acción de las termitas. Tiene un sonido muy particular y virtudes curativas. Es que como creían los antiguos rishis, todo tiene que ver con todo; en el fondo somos una gran unidad, nunca estamos solos. ¿Escuchó hablar del doctor Masaru Emato y los mensajes del agua?
–¿Quién es?
–El doctor Masaru Emato nació en Yokohama, en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Reflexionando a partir de que estamos compuestos de agua en un 90%, descubrió que los seres humanos determinamos la forma de los cristales que se producen en el agua al congelarse. Llenó un recipiente con agua de la represa de Fujiwara, la congeló y fotografió los cristales que se formaban. Luego pidió a 500 voluntarios que tuvieran pensamientos afectuosos para con ese contenido. Un día después volvió a congelar el agua y al fotografiar los cristales notó que tenían formas armónicas, refinadas y originales. Continuó sus experimentos exponiendo agua a música heavy metal y luego a una obra de Juan Sebastián Bach. Los resultados fueron los mismos: la violencia producía diseños caóticos, turbios, en cambio la ternura, cristales armónicos y refinados.
–¿Cómo descubrió la meditación?
–Yo estaba siempre enferma, resfriada, incluso con problemas de tiroides. Trabajaba como dibujante proyectista y un día una compañera me alcanzó un aviso que decía: La causa de sus males es que usted no utiliza su inteligencia creativa, e invitaba a una charla explicativa. Así conocí a Concepción Malagarriga, una periodista española que conoció al maharishi en Estados Unidos cuando le hizo un reportaje. Cuando el gurú vio que sabía castellano, le pidió que fuese al Sur a difundir la meditación trascendental. Pero a su vez, el maharishi era un enviado.
–¿De quién?
–Del swami Brahamananda Sarasvati, más conocido como gurú Dev, su maestro durante 13 años en un monasterio de los Himalaya. Antes de morir, en 1953, Dev le propuso que bajase al mundo para difundir la meditación trascendental. El maharishi Mahesh comenzó a enseñar en 1956. Tuvo discípulos famosos: en febrero de 1968, en su refugio de Rishikesh, recibió la visita de un cuarteto ineludible, los Beatles.
–¿Cómo era el maharishi?
–Un abuelo muy simpático. Reía siempre, entre otras cosas, de mis ingenuas propuestas sobre acciones para difundir la meditación. Se hospedó en el hotel Sheraton. Lo acompañaban seis personas, entre ellas su cocinero. Como yo hablaba bien inglés formé parte de la delegación que fue a recibirlo, siempre estaba cerca de él y una mañana me dijo algo que marcó mi vida: "Yogastah kurú karmani", un fragmento del verso 48 del Bhagavad-Gita y que en sánscrito significa: "Establécete en el ser (dentro de ti) y luego actúa". Lo volví a ver en 1979, en su instituto de Seelisberg, Suiza, donde estuve dos meses aprendiendo técnicas avanzadas de meditación. La última vez fue en 1985, en Brasilia. Pero ya no podía sentarme a su lado como cuando era una joven egresada; la cantidad de gente que lo rodeaba había aumentado muchísimo.
Un efecto especial
Meditar en grupo tiene un efecto muy especial que conmueve hasta lo más profundo de nosotros. Sentimos la fuerza que da el estar juntos y cómo el afecto y la percepción de nuestros sentidos se agudizan. Por eso, todos los martes a la tarde y los jueves al anochecer nos encontramos para meditar unidos. Una experiencia muy difícil de describir con palabras.